El voluntariado corporativo: la puerta de entrada para la participación

Por Cora Pesiney, Coordinadora de Proyectos de Fundación Compromiso

El voluntariado es un espacio de sensibilización intensa, aunque esa sensibilización sea esporádica o espasmódica.  Implica participar, ser parte.

Están aquellos que por su pericia se involucran con una causa y se mantienen atentos a contribuir con la misma, y están quienes, por única vez, se acercan a un grupo que los recibe, para aportar recursos, tiempo, dinero, o todo eso junto.

El voluntariado corporativo, el que se impulsa desde una empresa, posee dos dimensiones:

  • desde adentro de la empresa, como política o estrategia de movilización de sus recursos humanos, donde se genera un espacio para que sus empleados puedan canalizar sus inquietudes personales de trabajo comunitario y solidario a través de una alternativa de participación junto a organizaciones sociales.
  • hacia afuera de la empresa, como parte de la estrategia de relacionamiento con la comunidad, considerando que la empresa es parte de la comunidad y el bienestar de la misma.

Es entonces un enorme desafío lograr articular los intereses de estos actores en una acción o en un proyecto, incorporando la estrategia de sustentabilidad de la empresas, los intereses de los voluntarios y las demandas de la comunidad. Este núcleo de intereses comunes entre las partes es la antorcha que mantiene viva la participación y la motivación de cada uno de los que forman parte de este proceso. En síntesis, es necesario que ese espacio se desenvuelva con libertad, compromiso y responsabilidad, dentro de los acuerdos explicitados por cada uno de esos actores sociales.

¿Cómo se promueve una acción de voluntariado corporativo? En principio no hay recetas, pero si no se cuenta con el apoyo de la dirección y mandos medios no será muy sostenible en el tiempo. Antes de comenzar con la iniciativa es necesario estar seguros de que luego no habrá impedimentos desde adentro de la empresa. En muchas ocasiones el voluntariado no se emprende en el horario de trabajo y, por lo tanto, compite con la vida familiar. Numerosos voluntarios y voluntarias resolvieron esto invitando a sus familias a participar de la iniciativa, siempre y cuando la misma contemple esa presencia y también sea un espacio para que la familia se integre.

La iniciativa debe tener un propósito concreto que los voluntarios deben conocer. Deben saber para qué y para quiénes están donando su tiempo y recursos, conocer una breve historia de la organización social con la que están colaborando, tener conciencia de su rol y las mutuas expectativas y contribuciones que surgirán de la experiencia y, si es posible, participar de la definición del campo de intervención. La empatía con una causa puede surgir mucho antes del momento de entrar en actividad si se comunican con anticipación todos estos puntos.

Asimismo, tanto la organización como los voluntarios deben generar instancias de confianza mutua.

La experiencia permite para los voluntarios el desarrollo de nuevas competencias, el incremento de la creatividad e interacción con otras áreas de su misma empresa con las que habitualmente no interactúan, la integración de sus intereses personales con los de la empresa en la que trabaja y la capacidad para trabajar en temas que no son tan habituales en su cotidiano. En este sentido, se hace necesario que el esfuerzo no quede invisible y que sea divulgado internamente. Esto va a facilitar que se mantenga la participación y el compromiso dentro y fuera de la organización.

 

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